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El
éxito es felicidad. De hecho,
todas las formas de éxito son
los intentos de una persona por
alcanzar la felicidad. Lo mismo
sucede con el éxito financiero.
No buscan dinero, fama o
respeto. Buscan la felicidad que
el dinero, la fama y el respeto
puede brindarles. Esa es la
motivación básica para
soportar lo que sea necesario
para ser verdaderamente exitoso:
la felicidad. Cuando uno se
concentra en el dinero, la fama
o el respeto, el éxito suele
ser efímero. Al adquirirlos
surge el miedo de perderlos, lo
que lleva naturalmente a que eso
suceda.
Por ser hijos de Dios,
parte de la conciencia
universal, cualquiera sea
nuestra creencia, la felicidad
es un derecho inalienable.
Escuché a uno de mis gerentes,
Victor, mientras le hablaba a un
grupo de vendedores novatos, y
lo que dijo me impresionó por
la validez de esta verdad. Les
dijo: “¿Saben lo especiales
que son? En el momento de su
concepción, había millones de
posibilidades, porque había al
menos doscientos millones de
espermatozoides que podrían
haber tenido contacto con el óvulo.
Pero ustedes fueron los que
triunfaron. Superaron increíbles
desafíos sólo para nacer. ¿Creen
que fue para nada? ¿Creen, tal
vez, que existe un motivo para
que superaran esos increíbles
desafíos? Ustedes nacieron para
alcanzar la grandeza. Su
nacimiento es prueba de eso,
pero hay muchas personas que
viven en la mediocridad y apenas
llegan a algo. Nada de lo que
les toque enfrentar en la vida
será tan difícil como lo que
ya han logrado. ¡Ustedes son
grandeza!”
Parte del problema de
descubrir que estamos destinados
al éxito es que nos vemos
separados de todo lo que nos
rodea. Esto es consecuencia del
ego. Cuando nos vemos separados
del resto de la naturaleza, no
logramos percibir la simplicidad
de nuestro destino. Piénselo.
¿Cómo se ve usted? ¿Piensa en
función de usted y el mundo? ¿Piensa
en función de usted y alguien más?
¿Piensa en función de usted y
la naturaleza? ¿Está separado
de todo lo que ocurre a su
alrededor, como un observador?
¿O estamos todos necesariamente
entrelazados en lo que existe?
No hay dos personas que
experimenten el mundo
exactamente de la misma manera
porque todos creamos nuestra
propia realidad. La realidad es
subjetiva.
Usted habrá oído la expresión
“la vida es lo que hacemos de
ella”. Pues bien, es
absolutamente cierto. Lo que
vemos y la manera en que lo
vemos (nuestra percepción) crea
lo que pensamos que es verdad
(nuestra realidad). Por lo tanto
el mundo, su mundo, es producto
suyo. Usted no puede separarse
de su experiencia de lo que es,
porque usted lo crea. Si se
retira el “usted” del mundo,
no existe. Usted y el mundo (su
mundo) son inseparables. Cuando
usted muere, también muere el
mundo, o al menos el mundo y la
realidad que son exclusivamente
suyos. Su mundo, su interpretación
del mundo, no puede existir sin
usted. Entonces, no se trata de
usted y el mundo. ¡Usted es
el mundo!
Si puede comprender este
concepto, entonces el éxito es
simple. Le diré por qué.
Cuando usted se ve separado de
todo lo que lo rodea, ve a todo
lo que lo rodea como un todo,
una unidad. ¿Sabe por qué hace
esto? ¡Porque es un todo!
Cuando usted mira un árbol,
tiene que concentrarse en verlo
separado de los otros árboles y
del resto del paisaje. ¿Por qué
se necesita concentración?
Porque no está separado y
aparte de todo lo demás. Cuando
miramos hacia afuera, vemos todo
junto porque está junto. Para
separar cualquier cosa de todo
lo que vemos, necesitamos
concentrarnos en la separación.
La paradoja es que, debido a
nuestro ego, para poder vernos como parte de todo lo que
vemos y no separado, necesitamos
concentración. Debemos
concentrarnos en vernos en
combinación con todo lo demás.
Si el árbol tuviera ojos, y
tuviera la suerte y la desgracia
de tener ego, ¿cree que el árbol
nos vería como parte de todo lo
demás, como parte del mundo?
Por supuesto que sí, de la
misma manera que nosotros lo
vemos a él. Ahora mire el árbol
de nuevo... ¿Qué altura puede
alcanzar un árbol? No hay límite.
Crece tan alto como puede. Está
destinado a alcanzar todo su
potencial. |