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En el ascensor de un hotel, encontré a un niño de 7 años
de edad vestido con un traje
elegante. “¿Eres un hombre de
negocios?”, le pregunté.
“No, pero espero serlo”, me
contestó con resolución.
Luego, pensó un poco más y añadió,
“Espero retirarme antes de
comenzar a trabajar”.
Cuando
relaté esta historia en un
seminario que presenté al día
siguiente, una persona se puso
de pié y relató: “Yo fui
profesor de física por muchos años,
y lo disfruté por un largo
tiempo; me retiré cuando se
convirtió en trabajo.”
¿Cuánto
piensa usted que debe luchar
para llegar a donde desea ir? A
muchos de nosotros se nos ha
enseñado a creer que la única
manera de tener éxito es
mediante el sudor (nota:
proveniente del temor puritano
de que alguien sea feliz)
Tal
vez sea el momento de cuestionar
esa creencia. Conozco un
terapista en cuya tarjeta
personal se puede leer: “Sin
sufrimiento, todo es
ganancia”. Sí, es cierto que
aprendemos del sufrimiento, pero
aprendemos más de la diversión.
Dado que la diversión es
nuestro estado natural, y el
propósito de nuestra vida es la
felicidad, podemos seguir
nuestra voz interior para que
nos guíe a estar en el lugar
correcto, en el momento
correcto, con las personas
correctas, con el propósito
correcto.
Nuestra tolerancia a la
angustia es demasiado alta. Nos
han enseñado a creer que
debemos poner un gran esfuerzo
para poder transcurrir por este
mundo. Le invito a revisar su
participación en la lucha.
Cuando sienta que está luchando
con otra persona o consigo
mismo, deténgase un momento.
Respire profundo y pregúntese.
“¿Existe alguna manera más
sencilla de lograr esto? Si
realmente deseara que algo
fluya, ¿con qué nuevo enfoque
debería contemplarlo?” Se
asombrará al descubrir que
existen más opciones que las
que imaginaba cuando aceptaba el
conflicto como un mal necesario.
Dejar
que las cosas fluyan, no
significa ser haragán, tonto, o
irresponsable. Significa elegir
la paz en lugar del temor o la
resistencia. Usted puede ser muy
activo, trabajar con pasión,
progresar hacia sus metas, ir más
allá de sus límites, todo sin
un sentido de lucha.
Cuando escribí uno de mis
libros best sellers, trabajé día
y noche por muchos meses. Escribí
de 10 a 16 horas al día, sin
hacer otra cosa, enfocándome
intensamente. Sin embargo, no
existía lucha. Estaba actuando
desde mi pasión, completamente
entregado a la tarea, sin miedo
ni resistencia. Seguramente se
veía como que estaba trabajando
arduamente, pero me estaba
divirtiendo tanto que no
experimentaba ninguna sensación
de lucha.
Lo invito a practicar dejar fluir las cosas. A chequear en
su corazón antes de realizar
cualquier decisión, y si es tan
afortunado como mi pequeño
amigo del ascensor, podrá
retirarse antes de comenzar a
trabajar.
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