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Los
trabajadores maduros son fáciles de
encasillar, porque los mitos
persisten:
-
Son menos eficientes que la gente
joven.
-
No toleran bien los cambios.
-
Miran hacia el pasado, no hacia el
futuro.
-
Analizan y vuelven a analizar, y les
toma demasiado tiempo llegar a una
decisión.
-
Quieren que se recompense su lealtad,
no su rendimiento.
De
hecho, es tan fácil encasillar a los
trabajadores mayores que estos
conceptos han contribuido a la idea de
la inconveniencia de emplear a los que
tienen más edad y experiencia. De
hecho, si reemplazamos el adjetivo
“maduro” por “experimentado” y
vemos la situación desde esa
perspectiva, podemos dejar de lado los
estereotipos y convertir los mitos en
ventajas.
No
importa cuál sea su edad, si usted
puede demostrar flexibilidad, una
actitud adecuada en diversas
situaciones, una mente abierta y la
disposición de aceptar nuevas ideas y
nuevas formas de pensar, utilizando
correctamente su experiencia, podrá
derribar los mitos. El simple hecho de
ser consciente de los valiosos
conocimientos y capacidades que ha
acumulado a lo largo de su carrera le
permite hacer un valioso aporte al
trabajar con gente más joven, e
incluso obtener ventaja cuando compita
con ellos.
Este
capítulo apunta principalmente a
aprovechar la experiencia para lograr
ventaja durante la búsqueda de
empleo. Pero prácticamente todas
estas sugerencias y observaciones
pueden aplicarse a casi cualquier otra
situación comercial.
Es
verdad que a lo largo de su carrera ha
acumulado muchas experiencias
valiosas. Piense en los logros por los
que fue elogiado o quizás incluso
ascendido. Sin duda también podrá
recordar situaciones y ocasiones en
las que las cosas no resultaron tan
bien. ¡No las ignore! Véalas como
experiencias importantes de
aprendizaje.
La
clave aquí es que porque usted ha
vivido y adquirido cierto nivel de
conocimiento en su campo de acción,
podrá utilizar lo aprendido en el
pasado para aprovechar el futuro. Nada
puede reemplazar la experiencia. Le
otorga a usted una ventaja natural por
sobre los empleados más novatos, pero
solamente si sabe utilizarla con
sabiduría.
CAPITALICE
SU EXPERIENCIA
El
cerebro humano, una masa de
aproximadamente 1,5 Kg. conformada por
células nerviosas interconectadas que
controla nuestra actividad, tiene una
asombrosa capacidad para almacenar
información. Sin embargo, se calcula
que utilizamos apenas un 10% de su
capacidad. Cuanto más aprendemos,
tanto más puede retener el cerebro
para referencia futura.
El
simple hecho de que usted lleva más años
trabajando le da una ventaja potencial
por sobre los trabajadores más jóvenes.
Piense en la cantidad de veces que ha
logrado resolver un problema buscando
en su experiencia algo que le fue de
utilidad, aun cuando el dato tuviera
su origen en una ocasión sucedida más
de una década atrás.
Lecciones
de experiencia
En
esta página enumere sus experiencias
valiosas y lo que ha aprendido de
ellas. Las experiencias pueden caber
en una o más de las siguientes
categorías:
-
Historias de éxito.
-
Experiencias en que las cosas no
salieron tan bien como lo esperaba.
-
Experiencias en el ámbito familiar o
social.
-
Experiencias en su empleo actual o
anterior.
-
Experiencias de vida
Y
no crea que sólo puede aprender de
las experiencias buenas. También
aprendió de los errores, propios y
ajenos. En retrospectiva, las
lecciones que ofrecen más sabiduría
provienen de experiencias que no
salieron tan bien como esperábamos.
Una
de las experiencias profesionales que
más recuerdo es la que viví mientras
trabajaba en un banco, cuando recomendé
otorgar un préstamo a un cliente para
un emprendimiento hotelero. El
emprendimiento no salió tan bien como
yo pensaba, y el cliente no pudo pagar
su préstamo. Perdí muchas noches de
sueño, pensando en la situación como
si mi propio dinero estuviera en
juego. A la larga, resolví los
problemas tras gran cantidad de
reuniones, investigación y negociación,
y el resultado fue que la propiedad se
vendió a otra compañía, sin que el
banco sufriera pérdida alguna. También
fue buena noticia para el cliente,
porque pudimos trabajar con él de
cerca, apoyándolo y evitando su ruina
financiera.
Las
lecciones que aprendí en esos meses
quedaron en mi memoria para siempre.
La experiencia me hizo mejorar como
empleado bancario. Y desde entonces,
tomé todos los recaudos necesarios
para evitar que surgiera una situación
similar. Con el tiempo, esto hizo que
las ganancias de mis empleadores
aumentaran mucho. Actualmente sigo
aplicando la misma cautela en
cualquier operación. No quiere decir
que no me equivoque, pero los errores
son menos importantes de lo que podrían
ser.
Cuando
fui a la universidad, después de
casarme, para completar mis estudios
de Economía, me bombardearon con
información. Me preguntaba cómo podría
llegar a aplicar tantos datos en la
vida real. Recuerdo que uno de los
disertantes dijo que probablemente sólo
utilizáramos en el mundo de los
negocios el 5% de lo que estábamos
aprendiendo. Era muy desalentador. ¿Realmente
iba a desperdiciar el 95% de lo que
aprendía?
Después
de graduarme, mi carrera me expuso a
diversas situaciones en el contexto
bancario en varios países del mundo.
Y aunque gran parte de lo que había
aprendido en la universidad no tenía
relevancia directa, al mirar atrás me
doy cuenta de que pude aprovechar gran
parte de esos conocimientos, aplicándolos
en momentos claves de mi vida laboral.
(extractado
de ¿Renovarse, Reinsertarse o
Retirarse? de Robert Critchley. |