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¿Recuerda
una época de su vida —quizás hace
mucho tiempo, en su juventud— cuando
su corazón estaba lleno de sueños y
aspiraciones para el futuro? ¿Son
estos sentimientos apenas un recuerdo
lejano? ¿O se ha mantenido
activamente concentrado en ellos
durante los años, de modo de buscar y
lograr sus objetivos en la vida
personal y profesional?
La
vida no es un ensayo. Ahora —ahora
mismo— es el momento de tomársela
en serio (y también con sentido de
aventura y entusiasmo) y dar los pasos
necesarios para crear y alimentar el
futuro que ha estado deseando, pero
que también dejó de lado y por el
que dejó de luchar.
Recuerde
que su futuro es precisamente eso:
suyo, y de nadie más. Usted es el único
que puede tomar las decisiones
correctas para el resto de su vida,
examinando sus logros, necesidades,
valores y objetivos bien de cerca, y
luego actuando en consecuencia. Sin
duda, querrá consultar y tomar en
cuenta las necesidades y objetivos de
quienes lo rodean y que son
importantes en su vida. Pero en última
instancia —como aprendí cuando pasé
de ser bancario a iniciar mi propia
empresa de consultoría— su carrera
es responsabilidad propia, nada más
que suya.
Todos
somos únicos en nuestra capacidad de
sobrellevar el cambio, enfrentar los
nuevos desafíos y tomar decisiones
acertadas y significativas.
Como
individuos maduros, hemos acumulado
una amplia variedad de experiencias
—tanto personales como
profesionales— a lo largo de nuestra
vida. Al examinar y evaluar todo el
conocimiento que nos brinda la
experiencia, poseemos los recursos
necesarios para tomar decisiones
efectivas sobre nuestro futuro.
Sin
embargo, puede ser difícil asimilar
esta información, tomar distancia del
mundo cotidiano y determinar un curso
apropiado para el futuro.
Hoy,
la mayoría de las personas gozan de
mejor salud que en cualquier otra época
de la historia del mundo. Además,
poseen mayores recursos financieros y
tienen más opciones de retiro,
incluyendo la de jubilarse a edad más
avanzada o —al menos en el sentido
tradicional— no retirarse jamás.
Uno
de los cambios más importantes que se
produjeron en la historia reciente es
el aumento continuo de la expectativa
de vida. Los avances de la medicina y
el cuidado de la salud han ayudado a
duplicar la expectativa de vida de los
estadounidenses en los últimos
doscientos años (Butler, 2000). La
expectativa de vida varía en el
mundo, desde luego, de acuerdo con el
acceso a los avances y servicios médicos,
las condiciones ambientales y genéticas
y otros factores que determinan el
proceso de envejecimiento. Aun así,
hoy la expectativa máxima de vida se
calcula alrededor de los 120 años.
Esta noticia es alentadora, aunque
también inspira cierto temor, porque
quizá el tiempo ya no sea el recurso
escaso que solía ser para las
personas de mediana edad que piensan
en su futuro.
En
las naciones industrializadas de
Europa Occidental y Norteamérica, el
aumento de la expectativa de vida y el
descenso de la tasa de natalidad han
dado lugar al tan mencionado fenómeno
del envejecimiento de la población.
Entre los países más grandes,
Italia, por ejemplo, sobresale como la
sociedad más “vieja”, con un 23%
de la población por encima de los 60
años. Los países del este y sudeste
de Asia también están envejeciendo rápidamente.
Con el 22 % de su población por
encima de los 60 años, Japón es hoy
la nación asiática más anciana
No
es secreto que trabajar demasiado
puede causar estrés. Lo que quizá no
sea de conocimiento tan general es que
el aburrimiento o la falta de rumbo en
la vida, también puede causarlo. No
haga cosas para no morir; haga cosas
para disfrutar de la vida. El efecto
colateral puede ser no morir.
Si
usted es física y mentalmente capaz,
no es necesario que se jubile, sea
cual fuere su edad cronológica. La
buena noticia es que las reglas
tradicionales en cuanto a la jubilación
ya no sirven. Si cree que estas reglas
siguen rigiendo su vida, es el momento
de eliminarlas. Lo que usted necesita
determinar es si cuenta con los
recursos financieros necesarios para
vivir con comodidad —según la
defina usted— sin perder de vista el
hecho de que su expectativa de vida
puede ser de ochenta o noventa años.
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