|
Estamos
viviendo tiempos notables. La economía
se ha vuelto desafiante. Los viejos
paradigmas poco a poco han ido dando
paso a una nueva realidad, en la cual
los avances tecnológicos nos han
acercado al resto del mundo. Pero al
mismo tiempo nos han robado la
tranquilidad del trabajo seguro, del
futuro predecible, de la vejez
tranquila de nuestros abuelos.
¿Mejor,
peor? Cada uno podrá evaluarlo según
sus circunstancias, pero lo cierto es
que estamos insertos en este nuevo
mundo y debemos elegir entre
sobrevivir, vivir, o sacar el máximo
provecho de la nueva realidad.
La
renovación permanente sea quizá
nuestra arma más poderosa. Siendo jóvenes
nos permitirá nuestra primera inserción
en la economía actual. Y a medida que
avancemos nos permitirá mantenernos
vigentes, enriquecidos a su vez por
una mayor madurez intelectual y
emocional.
Tal
vez se esté generando un nuevo hombre
/ mujer de características
apasionantes. Independiente, seguro de
sí mismo y de su capacidad para
crear nuevas oportunidades. Si es así,
vale la pena la transición aunque
esta resulte dolorosa.
Nuestra
opción, mientras tanto, es la búsqueda
de alternativas. La creatividad es
nuestro mayor recurso. Es la única
manera de dejar una huella en el
camino del cambio, en este momento en
que las opciones se presentan ante
nosotros con la incertidumbre de lo
desconocido.
¿Cómo
construir este nuevo modelo de hombre
/ mujer valioso para la nueva economía?
En
primer lugar, aceptando la nueva
realidad. Apegarnos al viejo modelo
sea tal vez el camino más directo al
fracaso. Debemos aceptar que de ahora
en más nuestro destino está en
nuestras manos, y nuestra única opción
válida es construirlo. Ya no lloremos
la muerte del trabajo seguro, de la
jubiliación establecida, del estado o
empresa a cargo de nuestras vidas.
Busquemos nuevas opciones que nos
permitan dar crédito de nuestra
dignidad como los seres más
evolucionados del planeta.
En
segundo lugar, apasionándonos por la
nueva realidad. ¿Por qué no sacar el
máximo provecho de ella? Ser
creativos, ambiciosos en el buen
sentido de la palabra, abundantes, prósperos,
completos.¿Por qué no vivirlo como
un desafío a dar lo mejor de
nosotros, aquello que de otra forma
nunca hubiéramos podido demostrar?
Es en los momentos de necesidad en los
que se foguean los talentos. Sentir la
incomodidad, la amenaza y la
incertidumbre del cambio puede ser
nuestra mejor herramienta para generar
el hombre nuevo.
En
tercer lugar, irradiando una nueva
realidad. No culpemos a otros, cada
uno de nosotros es artífice
del mundo en que vivimos. Es nuestra
responsabilidad como seres humanos
aprender a generar riqueza, para luego
irradiar abundancia y enseñar a otros
a crear su propio bienestar.
Es
nuestro momento en la historia. Es
también nuestra oportunidad en la
historia. No la desaprovechemos con
llantos, quejas, depresiones,
protestas. Cada uno elegirá la
alternativa que sea más cercana a sus
valores. Pero hay una opción que no
existe y es la de no elegir.
Cualquiera
sea la forma de insertarnos en la
nueva economía, tendremos que
construir nuestro valor día a día.
Tendremos que adquirir nuevas
habilidades, potenciar nuestras
fortalezas, andamiar nuestras
debilidades. Ser constantes en la búsqueda
de nuevas alternativas. Y
fundamentalmente, mirar el mundo con
la inocencia de la juventud, antes de
que la educación, la adecuación y la
derrota se convirtieran en los
cristales opacados de nuestra visión
limitada.
Estamos
viviendo tiempos notables. La economía
se ha vuelto desafiante. Convirtamos
el desafío en oportunidad para algún día
agradecer haber sido parte de este
gran momento de la historia.
T&M
Editores S.R.L.
Todos
los derechos reservados. Junio 2005 |