Durante más de
una década en la que me desempeñé como gerente de
ventas, contraté y capacité a miles de individuos en lo
que yo consideraba la mayor oportunidad del mercado
actual. Lo que me sorprendía era que muy pocos
aprovechaban esa oportunidad de cambiar sus vidas. En mi rápido
ascenso en la jerarquía corporativa, pasé de ser
vendedor a instructor de vendedores, encargado de
contrataciones y gerente regional hasta llegar a un nivel
de influencia nacional.
Mientras progresaba, era inocente e ingenuo con
respecto al número de personas que no alcanzaban el éxito.
Cuando llegué al nivel gerencial medio, se me hizo
evidente. En el nivel más alto, mi función era más bien
la de consejero o mentor antes que gerente. Tenía a mi
cargo un grupo de personas, algunas de las cuales habían
alcanzado ya ciertos logros pero todavía no habían
llegado al éxito duradero. Para ayudar a todos a cumplir
sus sueños, tenía que estudiar más sobre la ciencia del
éxito. Entonces, leí todos los libros, escuché todas
las grabaciones que encontré y estudié tanto a las
personas que habían triunfado como a quienes habían
fracasado. ¡Aprendí más de los fracasos que de los éxitos!
En este libro usted encontrará lo que aprendí mientras
intentaba ayudarlos.
Verá que mis descubrimientos refutan algunos de
los conceptos aceptados popularmente sobre el logro del éxito.
Al principio, esto me preocupaba. Durante años, esta
pregunta no dejó de darme vueltas en la cabeza: ¿por qué
algunas de mis conclusiones discrepaban de las de otros
instructores y escritores del ámbito de la capacitación
para el éxito? ¿Por qué las discrepancias? Descubrí la
respuesta gracias a una pregunta que me hizo un caballero
llamado Aric Caplan: “¿Por qué dice que el fracaso es
una característica aprendida?” Al responder esa
pregunta, me di cuenta de que la mayoría de los
instructores y escritores invariablemente basaban sus
investigaciones en el estudio del éxito. Tomaban sus
descubrimientos y, consciente o inconscientemente (pero
creo que sin darse cuenta) intentaban explicarlos con la lógica
comercial y social generalmente aceptada en la actualidad.
Allí es donde se equivocaban, en dos aspectos. Por eso,
como verán pronto, el éxito no es lógico. Usando términos
de otra materia para ejemplificar esto, cada uno eligió
la parte superior del torso para explicar cómo y porqué
el cuerpo humano funciona como lo hace. Luego tomaron sus
limitados descubrimientos e intentaron hacerlos encajar en
la estructura de pensamiento generalmente aceptada para
explicar el funcionamiento del todo.
Por otro lado, yo estudiaba tanto los éxitos como
los fracasos. Como instructor empresarial para el éxito,
se me presentaban ambos a diario. Estudié primero los
fracasos porque me intrigaba que una persona con todas las
herramientas necesarias no tuviera asegurado el triunfo.
Había muchos de estos casos,
y siendo que el 93% de las personas fracasan (eso
también lo verán pronto) tenía mucho material para
trabajar. Pero no me atormentaba la necesidad de que esto
encajara en una estructura de pensamiento de aceptación
general. Había un porqué para todo lo que le pasaba a
esa gente; sólo tenía que descubrirlo. Era un simple análisis
de causa y efecto. También estudié los éxitos,
y descubrí algunos datos valiosos desde esa
perspectiva, pero con frecuencia no hacían más que
confirmar mis descubrimientos relacionados con aquéllos
que fracasaban. Éste es el clásico método científico
para llegar a la verdad. Yo sólo actué como periodista.
El libro Padre rico,
padre pobre hizo lo mismo y reveló algunas
discrepancias en el mundo financiero, la más notable de
las cuales es que una casa no es un activo sino un pasivo
y, por lo tanto, no es una inversión.
Entonces, estudié no sólo el ying sino también
el yang del mundo del triunfo: el éxito y el fracaso.
Porque, para usar otro ejemplo, ¿cómo podemos llegar a
conocer lo femenino si no conocemos lo masculino? Cada uno
contiene en sí la razón de ser y de existir del otro. No
se los puede conocer de verdad si se los estudia en forma
aislada, porque el uno sólo existe en relación con el
otro. Lo mismo sucede con los conceptos de arriba y abajo,
derecha e izquierda, y éxito y fracaso. Todo esto le
resultará claro a medida que sigan leyendo este libro.
Es mi deseo más profundo que este libro lo ayude a
cambiar su vida y que le genere la prosperidad que
desea. Pero esa
prosperidad que busca trae aparejada una responsabilidad.
Si no fuera por los triunfadores de este mundo, muchas
entidades de caridad y buenas obras no existirían. Confío
en que usted seguirá esta tradición. Al final de
cuentas, su éxito no será para que lo disfrute usted
solo, ni tampoco nadie triunfa por sí solo. Como verá,
este es un tema recurrente en el libro. ¡Algunos lo
llaman el secreto del éxito! ¡Júzguelo usted mismo! El
secreto del éxito se menciona con claridad en gran parte
de este libro.
Intente
descubrirlo, pues es la llave que abre la puerta del éxito.
Observará que este libro se presenta en lecciones
breves escritas en forma de ensayos. Lo escribí de esa
manera porque sé que las personas que están en proceso
de lograr el éxito disponen de una cantidad limitada de
tiempo libre. Este poco tiempo no suele ser suficiente
para leer un capítulo normal, e intenté tener eso en
cuenta mientras escribía el libro. Hay diversas ideas,
palabras claves y dichos que se repiten a lo largo del
libro. La experiencia me enseñó que, mediante la
repetición, la gente aprende mejor y retiene la información
por más tiempo.
Por eso mi intención es que usted lea un capítulo
por día y reflexione sobre las ideas elegidas que se
resaltan al final de cada capítulo. ¡Use el día para
incorporar estas ideas a su sistema de creencias y logre
el éxito soñado!
Vinny