Se cuenta esta historia de
Nasrudim, un pícaro sabio persa, que se encontraba en la proa de un
trasbordador con un intelectual vanidoso. Orgulloso de su propia
erudición, el hombre comenzó a poner a prueba y criticar la educación
de Nasrudim.
— ¿Ha estudiado astronomía?
—preguntó el profesor.
— No podría decir que sí —contestó
el místico.
— Entonces ha desperdiciado una
parte importante de su vida. Conociendo las constelaciones, un diestro
capitán puede navegar por todo el mundo.
Minutos después el erudito preguntó:
— ¿Ha estudiado meteorología?
— No.
— Pues entonces ha desperdiciado la
mayor parte de su vida —lo reprendió el académico—. Si uno sabe
aprovechar el viento en forma metódica, puede impulsar un velero a una
velocidad sorprendente.
Después de un rato, el hombre
inquirió:
— ¿Ha estudiado oceanografía?
— Para nada.
— ¡Ah! ¡Pero que pérdida de tiempo!
El conocer las corrientes ayudó a muchos pueblos antiguos a encontrar
comida y refugio.
Minutos más tarde, Nasrudim se
dirigió hacia la popa del barco. Mientras caminaba, le preguntó al
caballero, como al pasar:
— ¿Ha aprendido a nadar?
— No tuve tiempo —contestó el
profesor con arrogancia.
— Entonces ha perdido toda su vida:
el barco se está hundiendo.
Tarde o temprano, llega un momento
en que vivir la verdad es más importante que buscarla. El conocimiento,
las técnicas y las experiencias palidecen frente a la riqueza del corazón.
El aprender debe dar lugar al ser.
Hace poco, invité a los
participantes a una de mis conferencias a decir cuánto dinero habían
invertido en mejorarse. Les pedí que calcularan su inversión en libros
de autoayuda, seminarios de autosuperación, entrenamiento de la
conciencia, técnicas de meditación, terapia, vitaminas y suplementos
dietarios, membresías en centros de salud, cirugías estéticas,
consultas a videntes, cristales y amuletos diversos, viajes a tierras
exóticas en busca de la verdad, y cualquier otra búsqueda proveniente
de la idea de que “Esto me va a resolver el problema”.
Las respuestas fueron desde “Cada
centavo que gané” o “Más de lo que mi marido puede gastar” hasta más de cien mil dólares: el
valor de una casa en muchos lugares de los Estados Unidos, o el
producto bruto interno de algunos países subdesarrollados.
Muchos nos hemos dedicado a
acumular información, técnicas y programas de desarrollo personal
durante muchos años. Algunos nos hicimos tan adictos al proceso de
búsqueda que no sé que haríamos si realmente encontráramos lo que
estamos buscando. En la película The
Princess Bride hay un personaje llamado Iñigo Montoya, que pasa
gran parte de su vida buscando al hombre que asesinó a su padre. Cuando
finalmente lo encuentra y lo mata, un amigo le pregunta a Iñigo: “Y
ahora que has vengado la muerte de tu padre, ¿qué vas a hacer?” Iñigo
se detiene, adopta una expresión de desconcierto, y reconoce: “No lo
sé; ¡he pasado tanto tiempo involucrado en el asunto de la venganza que
no sé que voy a hacer sin ello!”
Como Iñigo, muchos de nosotros
hemos construido nuestra identidad a partir de la búsqueda de la
verdad. Nos convertimos en pacientes, clientes, estudiantes,
investigadores y discípulos profesionales.
Dos sabios contemporáneos, Calvin y
Hobbes, resumen nuestra situación:
Hobbes: — ¿Qué estás haciendo?
Calvin: — Enriqueciéndome.
Hobbes: — ¿En serio?
Calvin: — Sí, estoy escribiendo un
libro de autoayuda. Hay un mercado inmenso para eso. Primero, convences
a la gente de que tiene un problema. Eso es fácil, porque la publicidad
ya ha hecho que la gente se sienta insegura sobre su peso, su
apariencia, su condición social, su atractivo sexual, etcétera. Luego
los convences de que ellos no tienen la culpa de su problema y que son
víctimas de fuerzas superiores. Eso es fácil, porque es lo que la gente
cree en general. Nadie quiere ser responsable de su propia situación.
¡Finalmente, los convences de que con tu asesoramiento y estímulo,
podrán solucionar su problema y ser felices!
Hobbes: — Es ingenioso. ¿Y tú, qué
problema vas a ayudarlos a solucionar?”
Calvin: — ¡Su adicción a los libros
de autoayuda! Mi libro se llamará: Cállate
y deja de lloriquear: Cómo hacer algo con tu vida además de pensar en
ti mismo.
Hobbes: — Probablemente deberías
esperar a que te den un adelanto antes de comprar algo.
Calvin: — El problema es que, si mi
programa funciona, no podré escribir una segunda parte.[i][i]
Como el lector a quien Calvin
planea dirigirse, muchos de nosotros hemos dedicado mucho tiempo a
mejorarnos. Cada temporada aparece un libro nuevo y revolucionario o un
método que realmente llega a
la raíz de nuestros problemas. Pero ¿cuántos de estos libros
verdaderamente llegan al corazón de nuestra integridad?
Éste podría ser el último libro de
autoayuda que leas en tu vida. Si llegas a comprender sus principios,
no necesitarás volver a intentar mejorarte. En contraposición a muchas
técnicas de autoayuda que aprovechan la sensación de insuficiencia del
lector, este libro es un paso claro e intransigente en defensa de tu
fuerza innata. No pretendo agregarle nada a la verdad que ya conoces;
todo lo que necesitas saber ya está en ti. Más bien, voy a recordarte
que has estado buscando las respuestas en el lugar equivocado: afuera
en vez de dentro de ti.
Este libro no tendrá una segunda
parte; por el contrario, anuncia el final de un largo y autodegradante
modo de pensar: la noción de que tú deberías ser distinto de quien
realmente eres. No te mostrará una técnica revolucionaria, sino que te
presentará a ti mismo. No te dirigirá hacia un maestro místico ni a
gemas exóticas, sino que te ayudará a desenterrar tus propios tesoros
escondidos y a despertar el maestro que hay en ti.
Este libro tiene un solo mensaje
que será presentado desde ángulos muy diferentes, hasta que estés tan
seguro de su verdad dinámica que pensarás que tú mismo lo escribiste.
Tú no eres un agujero negro que hace falta llenar; eres una luz que
necesita ser encendida. Los días de la autosuperación ya han pasado, y
la era de la autoafirmación se acerca. Es hora de que dejes de intentar
mejorarte y empieces a vivir.
Siempre
estuvo en mí es un curso de repaso. Te recordará quién
eres y a qué viniste. Te dotará de coraje renovado para perseguir tus
sueños y poner en funcionamiento tus intuiciones e inclinaciones más
profundas. Y te reforzará el alma cuando recuerdes que eres más
importante que cualquier circunstancia que puedas atravesar. El
Espíritu que hay en ti es superior a cualquier cosa que puedas
encontrar en el mundo exterior. Ahora, el poder de tu vida vuelve a tus
manos, donde siempre ha estado. Siempre estuvo en ti.
Alan Cohen